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jueves, 23 de febrero de 2012
De lo que importa un carajo
Ayer, durante un ejercicio de meditación, me tocó experimentar los espacios vacíos que tengo.
Cuando creí que todo estaba mejorando, cuando estaba dando el paso siguiente para continuar con mi vida, cuando la sonrisa se volvió algo natural nuevamente, me di cuenta que tengo un vacío enorme, que ni el colisionador de hadrones podrá saber con exactitud el tamaño exacto, desde el inicio al fin que tengo dentro, en algún lugar del cuerpo.
Últimamente ando buscando la manera de sacarme el dolor de encima, y como expliqué a algunos amigos, no es el dolor que uno siente por el exceso de añoranza, o la falta de presencia de la persona a quien se extraña, si no el dolor ocasionado por el trauma de haber visto sufrir incontables veces, por meses enteros que llevaron a despedirte todas las noches de la misma, por la posibilidad que existió durante días de que ya no abra los ojos.
Durante meses ví todo lo que le hicieron, todo lo que sufrió y como la mujer más linda del universo se volvió un fantasma en tan solo días.
El corazón adquiere el color y la consistencia de una uva pasa, los colores se apagan y el pecho no deja de apretarte. Tratar de transmutar el dolor en inspiración no funciona en todos los seres humanos, y no a todos los que te rodean se les ablanda el corazón.
Cuando llega el momento en el el corazón dejó de bombear su sangre, y la septicemia corrompió todo lo que antes era vida, el tuyo, que aún bombea, siente un alivio casi celestial, por el hecho de que no volverás a ver sufrir a tu mamá nunca más. Solo tuvimos un minuto de llanto sonoro, como parte de una tradición casi instintiva, como si ese llanto fuera de nuestras almas que intenta despertar al alma de la persona que dejó esta vida, para que despierte, se desprenda y vaya a un lugar mejor, que solo cuando nos llegue el turno podremos saber si existe. Luego ya no hubo momento para llorar, la vida siguió su rumbo.
De un tiempo a esta parte, todas las mañanas en que me encuentro sola, con la rutina, solo escucho aquellos gemidos del dolor, solo veo jeringas sacando sangre, solo veo aquellos ojos tristes, resignados a lo desconocido que se acerca, aunque ella ya no esté.
Díganme cómo carajo me saco eso de encima? es parte del proceso? estoy podrida de repetirme eso todos los días, como tratar de convencerme de que voy a vivir con eso el resto de mi vida.
Hago todo lo que sea necesario para sentirme mejor, si me dicen que tengo que pasar la lengua a un sapo, para sentirme más viva, soy capaz de hacerlo.
A veces miro su foto de joven y trato de reproducir en mi cerebro los ecos de su sonrisa. Cuando veo mujeres que tienen pecas en las manos, imagino que es la suya, y cada vez que cocino, hago como si ella estuviera esperando a que llegue la hora del almuerzo. Pero no es así siempre.
Que alguien me explique lo que está ocurriendo con mi cabeza, que alguien me explique porqué suceden estas cosas, a los ateos del mundo les pregunto, y qué pasa ahora? qué piensan ustedes, qué ocurre después de todo.
Que me digan los sicólogos... que me estoy volviendo loca.
Busco respuesta en todas partes, porque en algún lugar debe haber una que me deje dormir tranquila, teniendo la certeza de que todo lo que ocurre es por una buena razón.
Mientras el resto del mundo se queja por superficialidades, y otros luchan por un mundo mejor, yo no dejo de pensar en todo esto, y me pregunto... ¿qué carajos estoy haciendo?
Para rematar el día, hoy me llega la cancelación de la cuota del terreno del lugar donde se enterró lo que queda de mamá, y vi mi firma de aquella vez en que desesperada amanecí con mis amigas y seres queridos juntando dinero para tener un lugar para ella, por si no pasaba esa noche. Revivir esos recuerdos me hicieron estallar en llanto.
Llorar no ayuda en nada, más que aliviar el espacio que ocupa el dolor, que a la vez, es un vacío.
martes, 18 de octubre de 2011
Sobre la muerte y la amistad
Cuando viajo en colectivo, ingreso a un túnel de tiempo y me transporto al interior de mi cabeza, puedo estar horas adentro, y al salir solo recorrí una cuadra con la cabeza pegada a la ventana.
Me identifiqué ciento por ciento con Inception.
En uno de mis paseos de 40 minutos me cuestioné lo siguiente:
Qué pensás de la muerte:
Es mi nueva amiga -me dije- Es la única que dio paz a mi mamá y no veo la hora de conocerla para volver con ella. Para regresar a mamá.
Me bajé del colectivo, llegué a casa.
martes, 16 de marzo de 2010
Bocinazo
Nosotras, las mujeres que no poseemos un ingreso sustentoso de dinero diría yo, como para comprarnos un fusquita y pintarlo con flores neo hippies, debemos soportar mediante la humillación el viaje en colectivo, o en el peor de lo casos, caminar en la vía pública de este caluroso país.
El día de hoy, estaba regresando a mi hogar, cuando en el trayecto , a través de la sucia ventana, pude divisar una chica, una mujer, una señorita, un ser humano con trasero redondeado, senos voluptuosos y vagina, se encontraba desplazándose en el sector que compete a los peatones, una inocente y lecherada vereda lambareña.
Sobre la misma vereda, detrás de ella, venían 5 hombres, que por sus miradas parecían fieras al acecho de su presa. Al mismo tiempo que éstos seres masculinizados se acercaban a la víctima de sus deseos banales, las manos de los hombres descendían carentes de disimulo a la zona entre el cierre y la bragueta de cada uno de sus pantalones, shorts o bermudas, y procedían al tradicional “manoseo- acomodo –rascado de bolas”, y para complementar, el bocinazo del chofer. Si, el bocinazo, de esos que imitan un silbido piropeador.
Por un momento, cuando los hombres se acercaban a escazos centímetros de la mujer, creí que uno estaba por meterle la mano en el trasero. Pero fue una mueca, un amague que hizo para “reírse” con sus demás compañeros de vereda – trabajo- cerveza. La mujer no se percató de esto, pero si de la violación visual de la que fue víctima por algunos minutos.
Entonces, en ese preciso momento llegué a una conclusión, digna de una investigación de antropólogos y psicólogos de Harvard, o qué se yo cuál de las universidades burguesas compete a estas carreras:
Por cada vez que un hombre se manosea los testículos en la vía pública, un chofer está tocando la bocina, sea de colectivo, taxi, moto, auto, camioneta, motoneta, etc.
Los que se desplazan a pié, pueden hacerlo directamente sobre el miembro, ya que las manos están libres, pero los que manejan algún vehículo, tocan la bocina, que es lo más parecido a los testículos de un hombre al momento de ser manoseados por su dueño: Una verdadera molestia.
La dignidad de esto hombres es mucho más pobre y baja que el testículo izquierdo que les cuelga balánceandosedeladoaladoguardandomáscontenidoquesuspropioscráneos.
No los soporto, no tengo porqué tolerarlos.
El día de hoy, estaba regresando a mi hogar, cuando en el trayecto , a través de la sucia ventana, pude divisar una chica, una mujer, una señorita, un ser humano con trasero redondeado, senos voluptuosos y vagina, se encontraba desplazándose en el sector que compete a los peatones, una inocente y lecherada vereda lambareña.
Sobre la misma vereda, detrás de ella, venían 5 hombres, que por sus miradas parecían fieras al acecho de su presa. Al mismo tiempo que éstos seres masculinizados se acercaban a la víctima de sus deseos banales, las manos de los hombres descendían carentes de disimulo a la zona entre el cierre y la bragueta de cada uno de sus pantalones, shorts o bermudas, y procedían al tradicional “manoseo- acomodo –rascado de bolas”, y para complementar, el bocinazo del chofer. Si, el bocinazo, de esos que imitan un silbido piropeador.
Por un momento, cuando los hombres se acercaban a escazos centímetros de la mujer, creí que uno estaba por meterle la mano en el trasero. Pero fue una mueca, un amague que hizo para “reírse” con sus demás compañeros de vereda – trabajo- cerveza. La mujer no se percató de esto, pero si de la violación visual de la que fue víctima por algunos minutos.
Entonces, en ese preciso momento llegué a una conclusión, digna de una investigación de antropólogos y psicólogos de Harvard, o qué se yo cuál de las universidades burguesas compete a estas carreras:
Por cada vez que un hombre se manosea los testículos en la vía pública, un chofer está tocando la bocina, sea de colectivo, taxi, moto, auto, camioneta, motoneta, etc.
Los que se desplazan a pié, pueden hacerlo directamente sobre el miembro, ya que las manos están libres, pero los que manejan algún vehículo, tocan la bocina, que es lo más parecido a los testículos de un hombre al momento de ser manoseados por su dueño: Una verdadera molestia.
La dignidad de esto hombres es mucho más pobre y baja que el testículo izquierdo que les cuelga balánceandosedeladoaladoguardandomáscontenidoquesuspropioscráneos.
No los soporto, no tengo porqué tolerarlos.
sábado, 10 de octubre de 2009
No puede ser...
Subí a un colectivo, y cuando estaba pagando mi pasaje, el chofer frena de golpe y me lastimo las costillas...
El chofer me dice: Disculpame, te lastimé?
Le digo: Si, las costillas...
El chofer: Disculpame, la gente no mira para cruzar la calle...
Y fue la primera vez que un chofer era sincero... e inocente...
El chofer me dice: Disculpame, te lastimé?
Le digo: Si, las costillas...
El chofer: Disculpame, la gente no mira para cruzar la calle...
Y fue la primera vez que un chofer era sincero... e inocente...
domingo, 2 de agosto de 2009
Monstruosa.
Tenía tanta hambre, entonces pensé que sería mejor cerrar los ojitos hasta llegar a la facultad.
Viajaba en el 37 C, y estabamos ingresando al centro de la capital, cuando un par de viejas "religiosas" comentaban del terrible acontecimiento del viernes en la un hombre cometió un triple homicidio en la ciudad de Puerto Falcón.
No pude evitar escuchar semejantes pelotudeces y largar de vez en cuando una risilla adormilada.
- Es que el señor estaba borracho, y el demonio entró "por su cerebro" y le habló para que le mate a su gente...
- Esas cosas pasan porque la gente no se va a la Iglesia, y después lloran a sus muertos.
- Ahora vamos a ver a todos esos indios que están en la plaza, vienen acá para tener más hijos, a su "cacique" ko le pagan 800 mil por día, y ni un peso no le da a su gente.
Nos estábamos acercando a la Plaza Uruguaya, famosa en estos tiempos por albergar a indígenas de distintas comunidades que se acercan a reclamar sus derechos robados desde la colonización.
- Esas criaturas lo que me dan pena porque pasan frío y hambre...
Por fin estábamos de acuerdo en algo.
- Ese cacique lo que es de feo, Dios mío!, horrible es ese indio!
Un bache hizo que me golpee contra la ventana, y me sirvió para despertar de la pesadilla de esa conversación.
Entonces doy la vuelta y comienzo y mirar fijamente a la señora a la cara.
- Qué te pasa nena?. me dice con su voz de vieja maniática.
- Nada especial, quería asegurarme de algo.
- De qué?, me conocés?
- No, por suerte no la conozco, sólo quería asegurarme de lo monstruosa que es usted por dentro, y por la capacidad de decir tantas incoherencias al mismo tiempo. Ese "Indio" que en realidad es un indígena que viene a la ciudad a reclamar sus derechos, tendrá el corazón más limpio y puro que el de usted, y eso, por ende, lo hace bello.
Y volví a mirar al frente, con la conciencia tranquila.
- Esta juventud de ahora que se mete en "conversación" ajena. Remató.
El monstruo se lleva adentro, y no se esconde bajo la cama, se oculta en el alma... pensé.
Viajaba en el 37 C, y estabamos ingresando al centro de la capital, cuando un par de viejas "religiosas" comentaban del terrible acontecimiento del viernes en la un hombre cometió un triple homicidio en la ciudad de Puerto Falcón.
No pude evitar escuchar semejantes pelotudeces y largar de vez en cuando una risilla adormilada.
- Es que el señor estaba borracho, y el demonio entró "por su cerebro" y le habló para que le mate a su gente...
- Esas cosas pasan porque la gente no se va a la Iglesia, y después lloran a sus muertos.
- Ahora vamos a ver a todos esos indios que están en la plaza, vienen acá para tener más hijos, a su "cacique" ko le pagan 800 mil por día, y ni un peso no le da a su gente.
Nos estábamos acercando a la Plaza Uruguaya, famosa en estos tiempos por albergar a indígenas de distintas comunidades que se acercan a reclamar sus derechos robados desde la colonización.
- Esas criaturas lo que me dan pena porque pasan frío y hambre...
Por fin estábamos de acuerdo en algo.
- Ese cacique lo que es de feo, Dios mío!, horrible es ese indio!
Un bache hizo que me golpee contra la ventana, y me sirvió para despertar de la pesadilla de esa conversación.
Entonces doy la vuelta y comienzo y mirar fijamente a la señora a la cara.
- Qué te pasa nena?. me dice con su voz de vieja maniática.
- Nada especial, quería asegurarme de algo.
- De qué?, me conocés?
- No, por suerte no la conozco, sólo quería asegurarme de lo monstruosa que es usted por dentro, y por la capacidad de decir tantas incoherencias al mismo tiempo. Ese "Indio" que en realidad es un indígena que viene a la ciudad a reclamar sus derechos, tendrá el corazón más limpio y puro que el de usted, y eso, por ende, lo hace bello.
Y volví a mirar al frente, con la conciencia tranquila.
- Esta juventud de ahora que se mete en "conversación" ajena. Remató.
El monstruo se lleva adentro, y no se esconde bajo la cama, se oculta en el alma... pensé.
viernes, 2 de enero de 2009
Se rascan.
Hoy, un viernes de monos, saliendo del trabajo me preguntaba: ya no me peleo más en los colectivos, terminé el año sin moquete y hoy ya es el dos de enero, y nada; se acabaron mis días de poderosa. Un tufo nublado se sentía en el aire, llovés o no llovés le dije al cielo y le hice un Yapiró, para que responda pronto y de mala gana.
Hice una mini carga y me senté en la vereda a esperar el fuckin bondi, a ver si otra línea no me pisaba antes los dedos de los pies.
-Alláaaaa viene- me levanté, conté en mi mano de muñeco Mickey dosmiltrescientos guaraníes, en moneditas. Levanté a 90° mi brazo derecho haciendo sobresalir el dedo índice e incliné mi eje a unos 25° (Manual de Cómo Hacer la Parada Correctamente), pero no lo hacés en cualquier parte cómo si un colectivo fuera a bajar del cielo como si estuviéramos en “El Quinto Elemento” y vos fueras Bruce Willis y tu abuela Milla Jovovich. Debes hacerlo mirando a los colectivos de frente pero tampoco parándote en medio de la calle (pedazo de suicida), sólo debes inclinarte hacia la derecha sobre la vereda.
Basta de pelotudeces.
Me senté en un asiento doble, cerré a medias la ventana para que el vidrio colaborara de almohada y me acomodé. Dormí como un oso en sus inviernos boreales para siempre, hasta que subió una criatura diría yo, y comenzó a hablar a los pasajeros, y ojo!, que no era el famoso: “Señores pasajeros, vengo a cantarles esta humilde canción: Hay …dkjfnxc de ángeles cerca de mi, fjgndkdndnc… al cieeeeloooo… “ ma´embo. Y después recorren el colectivo pidiendo monedas a los pasajeros (ganas de desollar vivos a sus padres y hacerles comer su piel como si fuera cecina no me faltan para que aprendan a respetar a sus hijos carajomierda).
No, no era uno de estos casos musicales.
Abrí disimuladamente mi ojo izquierdo para comprobar a medias los que estaba escuchando:
-Léeeeee, trá leeeee, trá leeeee, druáaaaaa, trá leeeeeee…
- Mba´e?! (me auto pregunté)
-Aáaaaaaaaaaaaaa, lá trá leeeeee.
- Sólo aquí una criatura con discapacidades mentales sube a los colectivos a pedir limosna, mientras que las autoridades responsables se rascanloshuevoslosunosalosotrosporturnohastaquedarsesinuñas.
La criatura daba besos y abrazos a las personas que le daban sus monedas que ya no serán necesarias porque mañana baja el pasaje a 2100… (opá la pobreza en Paraguay). Se baja la criatura del colectivo y las personas cuchichean, ríen, observan como cuervos vegetarianos, recordando que la carne es pecado, y que todo está cambiando.
No me peleé, nadie me aplastó. Empezó a llover a cántaros y terminé triste e impotente en un cotidiano viaje en colectivo.
Hice una mini carga y me senté en la vereda a esperar el fuckin bondi, a ver si otra línea no me pisaba antes los dedos de los pies.
-Alláaaaa viene- me levanté, conté en mi mano de muñeco Mickey dosmiltrescientos guaraníes, en moneditas. Levanté a 90° mi brazo derecho haciendo sobresalir el dedo índice e incliné mi eje a unos 25° (Manual de Cómo Hacer la Parada Correctamente), pero no lo hacés en cualquier parte cómo si un colectivo fuera a bajar del cielo como si estuviéramos en “El Quinto Elemento” y vos fueras Bruce Willis y tu abuela Milla Jovovich. Debes hacerlo mirando a los colectivos de frente pero tampoco parándote en medio de la calle (pedazo de suicida), sólo debes inclinarte hacia la derecha sobre la vereda.
Basta de pelotudeces.
Me senté en un asiento doble, cerré a medias la ventana para que el vidrio colaborara de almohada y me acomodé. Dormí como un oso en sus inviernos boreales para siempre, hasta que subió una criatura diría yo, y comenzó a hablar a los pasajeros, y ojo!, que no era el famoso: “Señores pasajeros, vengo a cantarles esta humilde canción: Hay …dkjfnxc de ángeles cerca de mi, fjgndkdndnc… al cieeeeloooo… “ ma´embo. Y después recorren el colectivo pidiendo monedas a los pasajeros (ganas de desollar vivos a sus padres y hacerles comer su piel como si fuera cecina no me faltan para que aprendan a respetar a sus hijos carajomierda).
No, no era uno de estos casos musicales.
Abrí disimuladamente mi ojo izquierdo para comprobar a medias los que estaba escuchando:
-Léeeeee, trá leeeee, trá leeeee, druáaaaaa, trá leeeeeee…
- Mba´e?! (me auto pregunté)
-Aáaaaaaaaaaaaaa, lá trá leeeeee.
- Sólo aquí una criatura con discapacidades mentales sube a los colectivos a pedir limosna, mientras que las autoridades responsables se rascanloshuevoslosunosalosotrosporturnohastaquedarsesinuñas.
La criatura daba besos y abrazos a las personas que le daban sus monedas que ya no serán necesarias porque mañana baja el pasaje a 2100… (opá la pobreza en Paraguay). Se baja la criatura del colectivo y las personas cuchichean, ríen, observan como cuervos vegetarianos, recordando que la carne es pecado, y que todo está cambiando.
No me peleé, nadie me aplastó. Empezó a llover a cántaros y terminé triste e impotente en un cotidiano viaje en colectivo.
jueves, 18 de diciembre de 2008
El vasito.
De nuevo respondí al llamado de auxilio del planeta, por supuesto, en un caluroso colectivo.
Como me encuentro de vacaciones, el viaje en colectivo se ha reducido a un mínimo de extrema necesidad para escapar de mi rutinario hogar, la necesidad se presentó con el llamado de mi jefa administrativa para acudir al trabajo para renovar mi contrato debía hacerlo en el día porque se debían presentar los papeles, la idea me pareció frustrante debido al intenso calor que abunda en mi querido país, y al exceso de vueltas que da el colectivo para llegar al destino. La ida se mostró incómoda, el asiento presentaba un molde inadaptable a mi estatura, 1, 55 cm., tome la posición que tome, algún hueso sufría la dureza del plástico. El paisaje se mostraba brillante en exceso por la ubicación del sol, que estaba chocho porque ninguna nube de morondanga se interpondría con su objetivo: calcinar a la población paraguaya.
Llegué sudorosa y desgastada a destino y cumplí con mi objetivo, firmar la renovación y prometerme portarme bien una vez más, un mes más sin salidas de entre semana, tempranito a la cama, y ningún exceso de fin de semana para rendir en un 90% (un poco más y ya estaría delirando en la utopía, ya que sufro de un problema no descubierto aún por médicos denominado: hipercaigüetismo agudo, no hay tratamiento para tal mal congénito) con mis actividades laborales.
A la salida, de nuevo en la parada, subo al colectivo (en la misma línea en que fui aplastada por un mastodonte hembra sudoroso meses atrás), me encontré con un compañero de sección y fuimos conversando la primera mitad del trayecto sobre su adolescente noviazgo y lo astuto que es para elegir regalos, pero esa es otra historia. El compañero llega a su destino y desciende, y me dije: “Que Dios se apiade de mi ser y que no suba aquella mujer” (la que me aplastó de un tropiezo).
Y no subió. Cuando estábamos atravesando el histórico y oloroso Mercado número 4, sube uno de esos muchachos que venden jugos de frutas naturales, y yo moría de sed.
- Jugo a miiiiiiil, a mil la jugooooo.
Y pienso: ni en pedo, el tipo habrá tocado un nido de ratas y luego habrá metido la mano en la jarra, mínimo tiene ántrax.
- Jugo a miiiiiiiiiil, a mil la jugoooooooo.
- Dame uno, el de naranja.
Y fue el jugo con ántrax más frío y delicioso del universo.
En eso, una señora compra el jugo, lo toma y ¡lo tira por la ventana!, deseé con todas mis fuerzas ser un colectivo “Transformer”, y aplastarla en mis entrañas de chatarra.
- ¡por qué tirás eso!
- ¿Qué dijiste?
- Qué por qué tira eso usted a la calle…
- Por que es basura, y acá adentro en el micro no hay basurero, vos ves un basurero acá adentro mamita?
- A simple vista no señora, tiene usted razón, pero su cartera, o bolso o lo que tenga usted en su regazo puede improvisar de basurero no?
- Y querés que se llene de jugo toda mi cartera?
- No… quiero que se baje del colectivo, camine hasta encontrar su vasito de morondanga, se tome las gotas que faltan y se lo guarde en la cartera hasta llegar a su casa y lo tire en un basurero de verdad, porque aunque no lo parezca Asunción no es un basurero, por más que la gente se esfuerce en ensuciarlo más.
- Y vos vas a meter tu vasito en tu cartera pikó para no ensuciar el Paraguay luego?
- Claro- y tomé con el característico sonido “ssssssssssuuuuuuup!” hasta la última molécula de naranja que quedaba en el vaso , y lo guardé intacto en mi cartera. Ve usted? Nadie se murió por un vasito en la cartera, pero personas como usted están incapacitadas para pensar de esta manera.
- Pero es un vaso, un vaso nomás en la calle, enseguida van a pasar los limpiadores y van a barrer todo.
- Enseguida? En dónde vivís? En Suiza? Claro que no (ahí si soy bastante pesimista), vivís en un país en el que se debe esperar la alineación de los astros para firmar un documento señora, en dónde el invierno es también verano, porque hasta la naturaleza sufre cambios pero nuestro país sigue atrasado a causa de la constante repetición de sus errores. Qué pensás? Que Lugo con su frase de Alianza para el Cambio hará que las basuras se junten en Cateura por si solas, porqué no multiplicás vasitos de plástico por mentalidades como la tuya por colectivos que pasan por esta calle en 24 horas eh?, gente como vos ensucia esta ciudad y este país, gente como vos cree en el cambio de 100 años de politiquería barata, troglodita y represiva en 100 días por Dios!.
- Espero que tus hijos estén bien alimentados a base de sal yodada y jugo de mango, porque el cambio lo veo sucio… por culpa de personas como usted.
Me acomodé en mi asiento, miré por la ventana dando un relajado y heróico suspiro y mi cartera hizo “crshhhhhhhhhhhh”.
Como me encuentro de vacaciones, el viaje en colectivo se ha reducido a un mínimo de extrema necesidad para escapar de mi rutinario hogar, la necesidad se presentó con el llamado de mi jefa administrativa para acudir al trabajo para renovar mi contrato debía hacerlo en el día porque se debían presentar los papeles, la idea me pareció frustrante debido al intenso calor que abunda en mi querido país, y al exceso de vueltas que da el colectivo para llegar al destino. La ida se mostró incómoda, el asiento presentaba un molde inadaptable a mi estatura, 1, 55 cm., tome la posición que tome, algún hueso sufría la dureza del plástico. El paisaje se mostraba brillante en exceso por la ubicación del sol, que estaba chocho porque ninguna nube de morondanga se interpondría con su objetivo: calcinar a la población paraguaya.
Llegué sudorosa y desgastada a destino y cumplí con mi objetivo, firmar la renovación y prometerme portarme bien una vez más, un mes más sin salidas de entre semana, tempranito a la cama, y ningún exceso de fin de semana para rendir en un 90% (un poco más y ya estaría delirando en la utopía, ya que sufro de un problema no descubierto aún por médicos denominado: hipercaigüetismo agudo, no hay tratamiento para tal mal congénito) con mis actividades laborales.
A la salida, de nuevo en la parada, subo al colectivo (en la misma línea en que fui aplastada por un mastodonte hembra sudoroso meses atrás), me encontré con un compañero de sección y fuimos conversando la primera mitad del trayecto sobre su adolescente noviazgo y lo astuto que es para elegir regalos, pero esa es otra historia. El compañero llega a su destino y desciende, y me dije: “Que Dios se apiade de mi ser y que no suba aquella mujer” (la que me aplastó de un tropiezo).
Y no subió. Cuando estábamos atravesando el histórico y oloroso Mercado número 4, sube uno de esos muchachos que venden jugos de frutas naturales, y yo moría de sed.
- Jugo a miiiiiiil, a mil la jugooooo.
Y pienso: ni en pedo, el tipo habrá tocado un nido de ratas y luego habrá metido la mano en la jarra, mínimo tiene ántrax.
- Jugo a miiiiiiiiiil, a mil la jugoooooooo.
- Dame uno, el de naranja.
Y fue el jugo con ántrax más frío y delicioso del universo.
En eso, una señora compra el jugo, lo toma y ¡lo tira por la ventana!, deseé con todas mis fuerzas ser un colectivo “Transformer”, y aplastarla en mis entrañas de chatarra.
- ¡por qué tirás eso!
- ¿Qué dijiste?
- Qué por qué tira eso usted a la calle…
- Por que es basura, y acá adentro en el micro no hay basurero, vos ves un basurero acá adentro mamita?
- A simple vista no señora, tiene usted razón, pero su cartera, o bolso o lo que tenga usted en su regazo puede improvisar de basurero no?
- Y querés que se llene de jugo toda mi cartera?
- No… quiero que se baje del colectivo, camine hasta encontrar su vasito de morondanga, se tome las gotas que faltan y se lo guarde en la cartera hasta llegar a su casa y lo tire en un basurero de verdad, porque aunque no lo parezca Asunción no es un basurero, por más que la gente se esfuerce en ensuciarlo más.
- Y vos vas a meter tu vasito en tu cartera pikó para no ensuciar el Paraguay luego?
- Claro- y tomé con el característico sonido “ssssssssssuuuuuuup!” hasta la última molécula de naranja que quedaba en el vaso , y lo guardé intacto en mi cartera. Ve usted? Nadie se murió por un vasito en la cartera, pero personas como usted están incapacitadas para pensar de esta manera.
- Pero es un vaso, un vaso nomás en la calle, enseguida van a pasar los limpiadores y van a barrer todo.
- Enseguida? En dónde vivís? En Suiza? Claro que no (ahí si soy bastante pesimista), vivís en un país en el que se debe esperar la alineación de los astros para firmar un documento señora, en dónde el invierno es también verano, porque hasta la naturaleza sufre cambios pero nuestro país sigue atrasado a causa de la constante repetición de sus errores. Qué pensás? Que Lugo con su frase de Alianza para el Cambio hará que las basuras se junten en Cateura por si solas, porqué no multiplicás vasitos de plástico por mentalidades como la tuya por colectivos que pasan por esta calle en 24 horas eh?, gente como vos ensucia esta ciudad y este país, gente como vos cree en el cambio de 100 años de politiquería barata, troglodita y represiva en 100 días por Dios!.
- Espero que tus hijos estén bien alimentados a base de sal yodada y jugo de mango, porque el cambio lo veo sucio… por culpa de personas como usted.
Me acomodé en mi asiento, miré por la ventana dando un relajado y heróico suspiro y mi cartera hizo “crshhhhhhhhhhhh”.
martes, 9 de diciembre de 2008
YO, The Matrix.
Desde que estaba colgando como un conjunto de células en el vientre de mami viajo en colectivo. Viaje en colectivo, necesidad que mata.
Luego de terminar un TP (trabajo práctico) en lo de un ex amigo, subí a un colectivo muy parecido a otro que me lleva a casa, tomé el parecido, el equivocado. Entonces a eso de las seis de la tarde bajé sobre Rodríguez de Francia y otra calle porque no me quedaba de otra. (ese es el único motivo para descender de un colectivo a esa hora y sobre esa calle, sobre todo siendo del sexo femenino). Lo hice, metí la mano en el bolsillo y me dispuse a juntar monedas para un nuevo pasaje, la espera del colectivo se volvió desesperante debido a la escasez de luz que iba aumentando con el paso de las horas.
Miraba a lo lejos por si asomaba algún bus, y miraba detrás por si asomaba un chorro.
Y en un descuido… ¡ZAZ! Me tocan el culo.
Putacarajomierda (helada como si me hubieran hecho un enema en la vía pública, de ser mejor, con semáforo en rojo y en hora pico)
No me animé a mirar quien putacarajomierda me tocó el traserito. Me animé… caminé de puntitas detrás del malnacido y lo increíble era su actitud, como si nunca hubiera tocado mi trasero.
Lo pateo en la parte de atrás de la rodilla y cae al suelo asustado.
Tocaculos: qué te pasa loca de mierda!
Anita: me tocaste el culo carajo (patada en los brazos que cubrían la boca de su estómago)
Tocaculos: pero no te toqué tu culo! Estás loca le voy a llamar a la policía!
Anita: yooooo le voy a llamar ahora carajo! (lo vuelvo a patear, mientras saco mi celular y marco *162 (para escuchar saldo)) y te vas a ir preso pedazo de mierda! Mirá bien mi cara y mirá bien mi culo y acordate eh? Porque es la última vez en tu vida que tocás un culo carajo!
El moquete se estaba dando frente a un local de comidas, el dueño sale asustado y me estira del brazo y me pregunta que pasa.
Anita: me tocó el culo este desubicado!
Cocinero: dejale mi hija, no te metas en problemas (me estira hacia el local)
El tocaculos huye cobardemente y probablemente adolorido.
Cocinero: que te pasó hija?
Anita (muy acelerada a causa de la adrenalina que seguía produciendo mi organismo): estaba esperando el colectivo y ese calentón me tocó el culo! No se puede ni esperar el colectivo en paz! Por que si no te llevan la cartera, el celular u otra cosa, te llevan hasta la santidad!
Cocinero: tranquila nomás, vamos a llamar a la patrullera y vamos a hacer la denuncia (me sirve un vaso de agua)
Anita (disminuyendo la dosis de adrenalina): no creo que usted quede así tranquilo si le tocan el trasero a su hija, o si le tocan a usted verdad?
Cocinero (tal vez homosexual): por lo menos no te hizo otra cosa.
Anita: no se trata de otra cosa ni nada señor, se trata del respeto que nos debemos todos los ciudadanos, de nuestros derechos y nuestras obligaciones. Si un idiota se cree que tiene el derecho de andar tocando traseros ajenos en la vía pública, yo, automáticamente tengo el derecho de defender mi dignidad y reivindicarme con el resto de las mujeres, madres, abuelas, tías, hermanas, amigas, suegras, cuñadas, hijas de esta sociedad corrupta. Nada más. Gracias por el agua.
Salí a la calle y subí al correcto.
Luego de terminar un TP (trabajo práctico) en lo de un ex amigo, subí a un colectivo muy parecido a otro que me lleva a casa, tomé el parecido, el equivocado. Entonces a eso de las seis de la tarde bajé sobre Rodríguez de Francia y otra calle porque no me quedaba de otra. (ese es el único motivo para descender de un colectivo a esa hora y sobre esa calle, sobre todo siendo del sexo femenino). Lo hice, metí la mano en el bolsillo y me dispuse a juntar monedas para un nuevo pasaje, la espera del colectivo se volvió desesperante debido a la escasez de luz que iba aumentando con el paso de las horas.
Miraba a lo lejos por si asomaba algún bus, y miraba detrás por si asomaba un chorro.
Y en un descuido… ¡ZAZ! Me tocan el culo.
Putacarajomierda (helada como si me hubieran hecho un enema en la vía pública, de ser mejor, con semáforo en rojo y en hora pico)
No me animé a mirar quien putacarajomierda me tocó el traserito. Me animé… caminé de puntitas detrás del malnacido y lo increíble era su actitud, como si nunca hubiera tocado mi trasero.
Lo pateo en la parte de atrás de la rodilla y cae al suelo asustado.
Tocaculos: qué te pasa loca de mierda!
Anita: me tocaste el culo carajo (patada en los brazos que cubrían la boca de su estómago)
Tocaculos: pero no te toqué tu culo! Estás loca le voy a llamar a la policía!
Anita: yooooo le voy a llamar ahora carajo! (lo vuelvo a patear, mientras saco mi celular y marco *162 (para escuchar saldo)) y te vas a ir preso pedazo de mierda! Mirá bien mi cara y mirá bien mi culo y acordate eh? Porque es la última vez en tu vida que tocás un culo carajo!
El moquete se estaba dando frente a un local de comidas, el dueño sale asustado y me estira del brazo y me pregunta que pasa.
Anita: me tocó el culo este desubicado!
Cocinero: dejale mi hija, no te metas en problemas (me estira hacia el local)
El tocaculos huye cobardemente y probablemente adolorido.
Cocinero: que te pasó hija?
Anita (muy acelerada a causa de la adrenalina que seguía produciendo mi organismo): estaba esperando el colectivo y ese calentón me tocó el culo! No se puede ni esperar el colectivo en paz! Por que si no te llevan la cartera, el celular u otra cosa, te llevan hasta la santidad!
Cocinero: tranquila nomás, vamos a llamar a la patrullera y vamos a hacer la denuncia (me sirve un vaso de agua)
Anita (disminuyendo la dosis de adrenalina): no creo que usted quede así tranquilo si le tocan el trasero a su hija, o si le tocan a usted verdad?
Cocinero (tal vez homosexual): por lo menos no te hizo otra cosa.
Anita: no se trata de otra cosa ni nada señor, se trata del respeto que nos debemos todos los ciudadanos, de nuestros derechos y nuestras obligaciones. Si un idiota se cree que tiene el derecho de andar tocando traseros ajenos en la vía pública, yo, automáticamente tengo el derecho de defender mi dignidad y reivindicarme con el resto de las mujeres, madres, abuelas, tías, hermanas, amigas, suegras, cuñadas, hijas de esta sociedad corrupta. Nada más. Gracias por el agua.
Salí a la calle y subí al correcto.
miércoles, 29 de octubre de 2008
Permiso por favor! II
Si fuera la inspectora de una línea de colectivos cobraría pasaje a la persona, a su bulto, y a sus mascotas, por cada bulto un pasaje, por cada gallina doble pasaje (porque cagan dentro del colectivo y cacarean al son de los bocinazos), así dejan de ser cachivacheros.
Se aceptan huevos como parte de pago.
Anécdota 1:
Mes de Enero, calor de 58 grados a la sombra.
Volvía del trabajo al medio dia, me senté en la hilera de un asiento por que del doble daba el sol, y no tenía ganas de incinerarme.
En uno de esos momentos que el sueño gana al calor, me perdí en él y quedé dormida con patas tendidas. De un susto despierto sobresaltada, y encima de mi cuerpo estaba una mujer inmensa toda sudorosa con sus gallinas diciéndome: Perdón che memby, me tropecé.
Quise convertirme en un Power Ranger y teletransportarme a otra galaxia, con menos calor y sin gallinas.
Anécdota 2:
Mes de Setiembre, mañanita primaveral.
Parada una vez más en el colectivo pero con el suficiente espacio en el pasillo como para lucirme con una de esas coreografías de gimnasia artística. Hasta que sube un desgraciado con una mochila más grande que su propio cuerpo, y termina empujándome sobre la pasajera que estaba intentando recuperar lo que quedaba de su sueño robado!
Quise ser uno de esos personajes oníricos y dar vida a su mochila para apuñalarlo cientos de veces hasta que aprenda a pedir permiso como un ser humano.
Se aceptan huevos como parte de pago.
Anécdota 1:
Mes de Enero, calor de 58 grados a la sombra.
Volvía del trabajo al medio dia, me senté en la hilera de un asiento por que del doble daba el sol, y no tenía ganas de incinerarme.
En uno de esos momentos que el sueño gana al calor, me perdí en él y quedé dormida con patas tendidas. De un susto despierto sobresaltada, y encima de mi cuerpo estaba una mujer inmensa toda sudorosa con sus gallinas diciéndome: Perdón che memby, me tropecé.
Quise convertirme en un Power Ranger y teletransportarme a otra galaxia, con menos calor y sin gallinas.
Anécdota 2:
Mes de Setiembre, mañanita primaveral.
Parada una vez más en el colectivo pero con el suficiente espacio en el pasillo como para lucirme con una de esas coreografías de gimnasia artística. Hasta que sube un desgraciado con una mochila más grande que su propio cuerpo, y termina empujándome sobre la pasajera que estaba intentando recuperar lo que quedaba de su sueño robado!
Quise ser uno de esos personajes oníricos y dar vida a su mochila para apuñalarlo cientos de veces hasta que aprenda a pedir permiso como un ser humano.
Permiso por favor!
Es muy injusto el hecho de tener que pagar el pasaje como todos y tener que viajar parada como algunos, o mejor dicho como "algunas", porque últimamente son los hombres que sufren las secuelas del embarazo, las várices, los dolores mestruales, las discapacidades del sexo débil, entre otras cuestiones que ahora me hacen dudar de mi identidad de mujer (aunque parezca niña). por que son Ellos los que se "valen" de esas excusas que antes nos correspondían a NOSOTRAS.
La mayoría de ellos son tan reducidos mentales que en realidad están incapacitados cultural, educacional y moralmente para ceder el asiento a una mujer.
Una buena puteada a todo color a tempranas horas de la mañana no les vendría nada mal para que aprendan a recuperar esos valores casi extintos, y levanten sus terroríficos traseros del asiento que me corresponde.
La mayoría de ellos son tan reducidos mentales que en realidad están incapacitados cultural, educacional y moralmente para ceder el asiento a una mujer.
Una buena puteada a todo color a tempranas horas de la mañana no les vendría nada mal para que aprendan a recuperar esos valores casi extintos, y levanten sus terroríficos traseros del asiento que me corresponde.
Necesidad que mata.
Creo que pasé más tiempo de mi vida con el trasero pegado al asiento de un colectivo que con los pies en la tierra.
Creo que debería haber una organización de "Víctimas de Colectivos y Colectiveros", "Pasajeros Anónimos", "Anti Peajeros", "Anti Molinete", "Pro Aire Acondicionado para los Bondis", entre otras asociaciones.
Una Cooperativa para solventarnos el pasaje.
Es triste, muy triste.
Creo que debería haber una organización de "Víctimas de Colectivos y Colectiveros", "Pasajeros Anónimos", "Anti Peajeros", "Anti Molinete", "Pro Aire Acondicionado para los Bondis", entre otras asociaciones.
Una Cooperativa para solventarnos el pasaje.
Es triste, muy triste.
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