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miércoles, 13 de marzo de 2013

Que se vuelva una costumbre


Primero mirá el videoy luego nos ponemos a divagar juntos.

Si ya viste el video te comento lo siguiente:

Esto es 100% real y doy fe de que las Redes Sociales ayudan y sobre todo si se trata de una causa noble. Ahora nos encontramos con cientos de pedidos de ayuda diarias... donantes de sangre, de un corazón, de medicamentos y comida para animales abandonados, de pedidos de firmas para protestar en contra de algo y repito: FUNCIONA.

Las personas tienen miedo de pedir ayuda, les da vergüenza... cuando en realidad se pierden la maravillosa oportunidad de sentirse queridos y más livianos, ya que con tanto amor y apoyo uno se siente mejor.

Lo viví una y cien veces, desde aquella primera vez en que pedí 10 donantes de sangre para mamá... aparecieron los 10 en una hora y a la mitad de ellos no los conocía, los leía en twitter.

Al año volví a recurrir a los seguidores para medicamentos, traslados, donaciones e incluso compañía durante las madrugadas eternas en el hospital... hasta organizaron varios eventos con tal de que la situación por la que mi familia atravesaba sea un poco mejor.

No tuvo el mejor final, porque mamá ya no está, pero les soy sincera, no me sentí más acompañada por el universo entero como en aquella ocasión y se siente bien pedir ayuda... porque te devuelve la esperanza en las personas y uno se convence de que no todo está perdido en el mundo.

Tampoco hay que cansarse de ayudar... y hacer que la cadena de favores sea infinita, dando cada uno lo mejor de uno mismo y que el ciclo nunca termine, al contrario... que se expanda y logremos cortar brechas como nos enseña Amanda, como lo viví en carne propia.

Situaciones como esta son posibles y son increíbles.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Hagamos algo


Recuerdo cuando Lugo era candidato a presidente (ni ahí estoy por escribir con mayúscula este cargo) dijo:         "Todas las madres volverán al país" refiriéndose al éxodo masivo de los años anteriores a España y otros países. Mucha gente lo votó, muchas madres siguen allá y otras a sabiendas de los peligros que corren siguen tomando la decisión de ir en busca de una oportunidad que pueda ayudar a su familia a tener una mejor calidad de vida.

Luego a Lugo lo BOTARON y a pocos meses de las elecciones nos damos cuenta que muy poco es lo que cambió en nuestro país, lo poco que estaba mejorando - SALUD - se está yendo por un tubo. Las cosas siguen iguales en muchos aspectos, algunas cosas cambiaron y en otros puntos importantes... RETROCEDIMOS.

Todos los días escuchamos en la radio o vemos en la Tv casos de mujeres que fueron rescatadas de redes que someten a las mismas a trabajos inhumanos. Dentro de todo lo malo de la historias, las que son rescatadas tienen "finales felices", en cambio, de otras mujeres nunca se sabe el paradero.

Imagínense no saber nada de su mamá o su hermana o amiga durante meses, no saber si está bien o mal, no saber si está comiendo, está durmiendo en una cama cómoda bajo un techo, si está perdida o si ya no está.

Hay una frase que siempre se utiliza:

"La vida es eso que pasa... (a lo que yo agrego)
mientras no sabés que le pasa a tu familia"

Nuestras familias están muy desprotegidas dentro y fuera del país, la justicia no es justicia y la Democracia es para los que están sentados ahora mismo en el Congreso decidiendo como despilfarrar nuestro dinero para operadores políticos, campañas políticas y cargos políticos.

Hoy es el turno de ayudar a la familia de Rosalía, quien saliendo del país buscando lo mejor para su familia, engañada por una desconocida, hoy se encuentra con paradero desconocido, su familia la busca desde hace meses. Mientras esperamos a que Estado se ponga las pilas por quienes LO MANTIENEN sería bueno que nosotros nos pongamos las pilas para nosotros y nos demos una mano.

No nos quedemos de brazos cruzados mientras nuestros familiares desaparecen, se quedan sin trabajo, son asaltados, violados, asesinados y abusados.

Hagamos algo por todos, por nosotros, por Rosalía.

miércoles, 4 de julio de 2012

De los prejuicios que matan

No es la primera vez que mantengo una discusión con mi papá por diferencias ideológicas.

Desde que ingresé a la Facultad de Filosofía UNA, su actitud cambió conmigo, se volvió mucho más intolerante con las opiniones que salían de mi boca.

Si bien la facultad me sirvió para muchas cosas, como para hacer teatro y recorrer varias ciudades con obras que planteaban una crítica a la sociedad, o formar parte de un movimiento INDEPENDIENTE y luego ser electa representante de la carrera de Ciencias de la Comunicación, y conocer las falencias de un sistema universitario que cae a pedazos al igual que el techo que lo cubre. Me sirvió también para salir a las calles a manifestarme por el recorte del presupuesto a la Universidad Nacional, entre otras cosas.

Mi carrera me ayudó a tener una actitud crítica ante todo, a no casarme con la primera versión, y en lo posible a corroborar antes de emitir un juicio. Cuestión que se ve opacada en varias ocasiones, por mi actitud impulsiva y apasionada, cosa que me llevó a alejarme del ambiente político hasta el día de hoy.
Eso no me impide actualizarme constantemente sobre lo que está ocurriendo en el país, sea en el ámbito que sea.

Cuando mamá enfermó de cáncer, recuerdo que salí en varios canales de televisión pidiendo aportes para continuar con su tratamiento, además de aprovechar el espacio para pedir a las autoridades que aprueben un presupuesto para adquirir vacunas que prevengan a las mujeres de un tipo de cáncer de cuello uterino.

Como comunicadora, defiendo la importancia de los medios de comunicación para la construcción de opiniones y la búsqueda de soluciones entre los ciudadanos. Cada vez que doy clases, insto a mis alumnos a que aprovechen las Redes Sociales, para hacer críticas, emitir opiniones y hacer denuncias, cuando es necesario.

Si todo eso me hace guerrillera militante del EPP, no sé en qué mundo estamos.

Una vez más se me trató de "contrera" y "comunista" en mi propia casa, bajo el argumento de que estudio en la Facultad de Filosofía y que todo el mundo sabe lo que ocurre en esa Facultad. Quién es "todo el mundo"? "Todo el mundo" va todos los días a esa Facultad? Lo dudo.

Una vez más se me trató de "contrera" y "comunista" por pensar diferente. Por emitir mis propias opiniones, generadas a partir de lo que vivo día a día, de lo que veo en la calle, de lo que leo en los medios que tienen una línea editorial particular y los medios alternativos como lo son las Redes Sociales.

Si llamar la atención a las personas que utilizan el término "mongólico" (encima mal pronunciado) e "indio" o "indígena" con la intención de insultar, me hace "Socialista", no sé en qué mundo estamos.

Si tildar a Federico Franco de inútil, porque sinceramente nunca ví que haya sido más que un florero, antes, durante y después de su vicepresidencia, me hace "Comunista", no sé en qué mundo estamos.

Si reclamar mis derechos me hace "Sindicalista", no sé en qué mundo estamos.

Si manifestarme en contra de lo que sucedió en el congreso hace semanas atrás, me hace LUIGUSTA-SOCIAL-COMUNISTA PARTIDARIA DE LAS FARC no sé en qué planeta estamos viviendo.

Si utilizar el término Comunista sirve para dennotar, también se utilizan los términos : Oviedista, Imperialista,  Nicanorista, Golpista, Stronista, Llanista, Nacifascista, Cartista, Colorete y Patriaqueridista para referirnos a lo mismo.

Nuestros medios de comunicación se basan en este comportamiento, en el prejuicio y en la tergiversación de los acontecimientos. Y eso se repite en cada uno de nosotros.

La sociedad no está acostumbrada a lidiar con las opiniones de los demás, y todo eso se lo debemos a décadas de censura y represión.

Me pone triste que en mi propio hogar reine esa intolerancia ideológica, cuando el hogar es el fiel reflejo de la sociedad.

Me pone triste que en mi propio hogar, el simple hecho de pensar diferente sirve para desacreditar la opinión propia.

Deberíamos hacer una autocrítica, empezando por nosotros mismos, trasladarlo a nuestras familias, y luego llevarlo a la sociedad, porque creo que con nuestras diferencias podemos construir una nueva sociedad.

Dejemos de encerrarnos en nuestra realidad que no es más que una maldita ficción, generada por unos cuantos. Derribemos las murrallas que nos impiden crecer como personas.

Que las murallas dejen de separar y sus ladrillos sirvan para construir puentes.

Voy a empezar conmigo misma, y desde hoy voy a dar el ejemplo. 

Ser diferentes nos hace únicos y grandes.
Ser diferentes no está mal.
Al final terminamos viviendo en un mismo país, nuestros hijos van a la misma escuela y vivimos en una misma casa.



martes, 13 de diciembre de 2011

De diferencias y pequeñeces

Si hay algo que no voy a negar, es lo mucho que la vida me enseñó. Lo que debo reconocer, no siempre lo puse en práctica.

 Al terminar el jardín, los profesores del colegio decidieron "experimentar" con algunos de nosotros. Al año siguiente, pasé directamente al primer grado, tenía 6 años, además del miedo porque "no sabía sumar ni restar" - Eso vas a aprender ahora - me dijo mamá.

Sumándole lo de mi estatura, siempre fui la más pequeña del grado, me sentía mucho menor con respecto a madurez, mis compañeritas ya estaban en "otra", cuando yo seguía jugando con plastilinas. No me costó mucho adaptarme, con una buena maestra y los mimos de mamá y papá, superé todos los obstáculos y terminé  el primer grado.

Recuerdo que una tarde, en el colegio, un compañerito me dice: - ¿Tu papá es borracho verdad? - la verdad que yo no comprendí a qué se refería, entonces le pregunté: - ¿Por qué decís eso? - a lo que mi compañero respondió: - Porque camina mal - Esa fue la primera vez en que me di cuenta de que papá caminaba "diferente".

Esa tarde, llegué a casa y le conté a mamá lo que pasó, ella me dijo: Papá no es borracho, cuando era chiquitito tuvo un accidente y le costó volver a caminar. No le hagas caso.

Años siguientes, la intriga en llegar al punto de origen, de porqué papá camina diferente, le sumé el "por qué no quiere hablar de eso".

Abriendo camino, me llegó a contar que cuando era pequeño, mis abuelos lo llevaron a la Argentina a seguir un tratamiento durante varios años, para poder "recuperarse", aprendió a caminar, a jugar fútbol, básquet, judo, a nadar, a andar en bici... aprendió a ser "un niño normal".

Luego volvió a Encarnación a seguir con su vida y estudios.

Él me enseñó a hacer "una bandeja" cuando practicaba básquet porque me resignaba a ser de corta estatura, me enseñó a "chutar de tres dedos" cuando ingresé a la selección de fútbol femenino del colegio. Me ayudó a superar mi pánico y a declamar frente a cientos de personas, hizo su máximo esfuerzo en enseñarme la guitarra y a nadar. Los dos últimos no llegué a aprender, pero por un error de la alumna, no del maestro.

Si adopté el hábito de la redacción y la lectura, es gracias a él, y si tengo un alma bohemia y me olvido de las cosas en todas partes, es porque la sangre no es agua.

Hace poco me contó una anécdota muy linda que me gustaría compartirla con ustedes:

Yo tenía 5 o 6 años, en el pasillo de la casa teníamos una planta de cáctus, un día, caminando por ahí, me entró una espina y me comenzó a dar fiebre. Como yo no hablaba, mamá no podía saber el origen de la fiebre. Me llevó al hospital y ahí luego de mucho examinarme, se dieron cuenta que tenía una espinita en el dedo. Luego de sacarme la espinita, me dieron unos antibióticos y mamá me acurrucó toda la tarde en el galpón. 
Entonces yo comencé a cantar:

"Los pollitos dicen pío pío pío
cuando tienen hambre, 
cuando tienen frío.
La gallina busca 
el maíz y el trigo
les da la comida 
y les presta abrigo..."

Era la primera vez que mamá me escuchó hablar y cantar, era la canción que aprendí en la escuelita para niños especiales donde iba. Mamá lloró mucho, porque supo que yo no tenía retraso mental.

La verdad que nunca ví a mi papá como una persona con algún tipo de  "retraso mental" o diferencia alguna. Es evidente a simple vista que los movimientos que él realiza requiere de un poco de esfuerzo, pero siempre me pareció lo mismo a lo que me cuesta concentrarme.

La semana pasada me contó otra anécdota que me dejó boquiabierta y me llevó a mantener un debate de varias horas con él:

Me habían llevado a Formosa para que me examinaran unos sicólogos, le habían dicho a papá y mamá que tenía retraso mental y que por ende tenía que ir a una escuela para retrasados mentales.
Ese año entré al jardín, y todas las mañanas, mamá cruzaba de Encarnación a Formosa para llevarme a la escuelita.
Ahí yo le miraba a un nene que babeaba, otro que movía la mano sin parar, otro que miraba el techo largo rato, y así, todas las tardes le contaba a mamá lo que pasaba y ella se dio cuenta que yo no tenía nada que hacer en esa escuelita, y al año siguiente, me llevó a una escuela de Encarnación.
La maestra me quería muchísimo y mis compañeritas me mimaban siempre. 

Y hablando y hablando de sus anécdotas, llegó a realizar el comentario de que él es una persona con discapacidad:

- Pero papá, vos no necesitás de la ayuda de nadie para movilizarte ni para realizar cualquier cosa no?
- Y no...
- Entonces no sos una persona con discapacidad
- Si soy una persona con discapacidad porque la gente me mira así
- Entonces la gente es la que tiene discapacidad, y no vos, la sociedad es la que está discapacitada (Cabe mencionar que estaba comiendo una hamburguesa y hablaba con la boca llena).
- El problema papá, es que vos te creíste esa historia, en lo más recóndito de tu cerebro, y estás firmemente convencido de que sos una persona con discapacidad. Un vivo lo que sos! Que discapacitado ni que ocho cuarto, vos sabés nadar, sabés jugar, ejecutás el piano y la guitarra sin problema y yo "que estoy en el 100% de mis funciones", lo cual es una vil mentira, no sé hacer nada de eso, vos me enseñaste a jugar, a hacer vuelta carnero y a volar una pandorga. Elegiste vivir como una persona con discapacidad y no como un escritor homenajeado de Encarnación. Vos elegís el título que querés llevar, y vos elegiste el más fácil.

La conversación duró unos minutos más, pero mi cerebro conversó toda esa madrugada. Me puse en sus zapatos, hurgué en sus inseguridades y comprendí el porqué de tantas cosas.

Recordé un comentario que hizo en mi cumpleaños número 25:
"Cuando tu mamá estaba embarazada de vos, una persona de su familia, dijo que vos no ibas a ser normal... y mirá lo que sos, una enana"

Llegué a la conclusión de que la ignorancia de ese tío habrá sido un trago muy amargo para él, pero espero haber sido una alegría para él cuando me vio llorar o ensuciar pañales en las madrugadas. Hoy ese tío sabe que mi papá es mejor papá de lo que es él, sabe que mi papá y mamá construyeron una familia con defectos y virtudes, pero que a pesar de todo, nos sabemos mantener unidos, y que por sobre todas las cosas, hay amor.

La ignorancia puede llevar a cometer muchas heridas no visibles, la ignorancia causa daño y destruye a la sociedad.

Y quiero terminar este post diciendo que amo mucho a mi papá, y que es una persona a quien admiro y amo con todo mi corazón. Y lo más hermoso de este mundo es ser diferente, es ser auténtico y único.

Te amo papi.