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viernes, 31 de agosto de 2012

El tiempo es relativo


Luego de volver a casa, varios meses después de que mamá se fue… comencé a hurgar entre sus papeles buscando algún registro de su letra, para guardarla conmigo (y eso que tengo muchas cartas de ella).

Necesitaba encontrar algo nuevo, con alguna nota de su perfume o algún pelo rubio y largo olvidado en algún abrigo, para poder abrazarla, aunque sean sus átomos y moléculas y tenerla cerca de mí una vez más.
Encontré un diario, que lo usó al principio de su diagnóstico y durante el tratamiento para el cáncer, comencé a leer y las lágrimas no me dejaron terminar.

Hablaba de sus ganas de vivir, de lo poco que había vivido y de lo mucho que le faltaba por hacer, quería conocer más a su nieto, ver crecer a sus nenas (siempre seremos seres indefensos ante nuestros padres) y experimentar aún más el hecho de ser amada.

Todo lo que vivió fue un suspiro para ella, no se resignaba a que ese suspiro sea el último. Nunca sentí tanta impotencia, ni cuando ví como su cajón era cubierto por tierra colorada.

Ayer, leyendo a @Meli_Lichi en twitter, volví a revivir todo eso, volví a sentir como se me ponía la sangre a punto de ebullición y como todas mis frustraciones salían a recordarme de todo el tiempo que perdí no haciendo las cosas que quise hacer o no pude.

Una vez escuché decir a unos amigos extranjeros: “Ustedes las mujeres paraguayas son las jóvenes más viejas que se conoce en el mundo entero”.
Pecando de inocente les pregunté el porqué.

Porque siendo tan jóvenes solo piensan en casarse, tener hijos antes de los treinta y están pendientes de lo que dicen los demás. Que eso está mal, que eso está prohibido,

                                               “que ya están viejas para eso”.

No es la primera vez que escucho eso, tampoco es la primera vez que me lo planteo.

Ahora leo a muchas chicas cuestionarse lo mismo, que están cansadas de obedecer a los parámetros que responden a costumbres cerradas y ultra conservadoras que rayan lo absurdo.

¿Porqué casarse al terminar la facultad?
¿Acaso una mujer que acaba de graduarse ya se encuentra al tope de sus logros profesionales y solo madrugó estudiando 5 años de su vida para colgar el cartón en la sala y su medalla de honor la limita a procrearse y esperar con la cena caliente al marido?

¿Y si no te casaste antes de los 30, te queda el último tren?
¿Porqué la soltería está considerada un estigma o una maldición? ¿Acaso la mujer no tiene derecho a decidir quedarse sola que mal acompañada y a no conformarse con el primer “güaicorneta” que caiga de madrugada?
¿El último tren? ¡Agarrá un colectivo y salí a bailar!

¿Porqué tener hijos antes de los 30?
¿Acaso después de los 30 te llega la menopausia y ya estás incapacitada mentalmente para llevar durante 9 meses a un bebé en el vientre?

¡Chicas! ¡Despierten! Existen palabras lindas como: Posgrado, viajar y conocer el mundo, ascender en tu trabajo, disfrutar de tu tiempo y de tus comodidades, leer un buen libro o aprender un nuevo idioma!
La vida no termina antes de los 30, al contrario, una recién está lista para comenzar a vivir y conocer todo lo que hay por delante.

Si ya tenés bebés, o si ya te casaste, tampoco estás destinada a ser una esclava de por vida… que tu marido también cambie pañales y trasnoche de vez en cuando… pero cuidando a los hijos!
Cuando tiene que ir a jugar su partido de fútbol o quedarse a tomar con amigos, también tenés derecho a reclamar tu “día libre” y darte un merecido respiro.

Salí de paseo con tus hijos, compartí más calidad de compañía que cantidad de tiempo, es hermoso sentarse en el suelo y enseñarles una nueva canción, sentirte criatura de nuevo, que decir: “no tengo tiempo”.
La vida es demasiado corta para estar atada a todo, o si querés atarte, atate a lo que te gusta y a lo que te ayude a crecer como persona.

La calidad de vida mejoró, las mujeres podemos traer hijos al mundo más tarde, así tenemos tiempo para hacer más cosas. Nos ganamos más espacios para lograr nuestras metas personales y llegar a donde queremos según lo que nos proponemos.

Aunque ahora que me pongo a pensar… no todas tuvieron el tiempo que quisieron para vivir, o para conocer lo que se habían guardado por mucho tiempo.

Y no quiero que se vuelva a repetir una situación como esa en ninguna otra, en la faz de la tierra.
¡La vida es una sola, en este cuerpo y en este tiempo, así que a ponerse las pilas chicas!
Si el tipo no te da bola: ABRITE… hay millones que quieren conocerte.

Si el tipo no le quiere reconocer al bebé y casarse contigo: METELE UNA DEMANDA POR PRESTACIÓN DE ALIMENTOS Y DALE UNA PATADA EN EL CULO. 

                                                          DEJÁ DE SER BOLUDA. 

NUESTRO PAÍS FUE RECONSTRUÍDO POR MUJERES SOLAS, PORQUE TODOS SUS MARIDOS MUERIERON EN LA GUERRA.
SI ELLAS PUDIERON HACERLO SIN CASA Y SIN COMIDA, VOS PODÉS HACERLO MUCHO MÁS CÓMODA.

Dejemos de ser dependientes, aprendamos a sentirnos cómodas con nosotras mismas, a ponernos desafíos y salir adelante.


El tiempo es relativo… adaptenlo a su manera. 

martes, 13 de diciembre de 2011

De diferencias y pequeñeces

Si hay algo que no voy a negar, es lo mucho que la vida me enseñó. Lo que debo reconocer, no siempre lo puse en práctica.

 Al terminar el jardín, los profesores del colegio decidieron "experimentar" con algunos de nosotros. Al año siguiente, pasé directamente al primer grado, tenía 6 años, además del miedo porque "no sabía sumar ni restar" - Eso vas a aprender ahora - me dijo mamá.

Sumándole lo de mi estatura, siempre fui la más pequeña del grado, me sentía mucho menor con respecto a madurez, mis compañeritas ya estaban en "otra", cuando yo seguía jugando con plastilinas. No me costó mucho adaptarme, con una buena maestra y los mimos de mamá y papá, superé todos los obstáculos y terminé  el primer grado.

Recuerdo que una tarde, en el colegio, un compañerito me dice: - ¿Tu papá es borracho verdad? - la verdad que yo no comprendí a qué se refería, entonces le pregunté: - ¿Por qué decís eso? - a lo que mi compañero respondió: - Porque camina mal - Esa fue la primera vez en que me di cuenta de que papá caminaba "diferente".

Esa tarde, llegué a casa y le conté a mamá lo que pasó, ella me dijo: Papá no es borracho, cuando era chiquitito tuvo un accidente y le costó volver a caminar. No le hagas caso.

Años siguientes, la intriga en llegar al punto de origen, de porqué papá camina diferente, le sumé el "por qué no quiere hablar de eso".

Abriendo camino, me llegó a contar que cuando era pequeño, mis abuelos lo llevaron a la Argentina a seguir un tratamiento durante varios años, para poder "recuperarse", aprendió a caminar, a jugar fútbol, básquet, judo, a nadar, a andar en bici... aprendió a ser "un niño normal".

Luego volvió a Encarnación a seguir con su vida y estudios.

Él me enseñó a hacer "una bandeja" cuando practicaba básquet porque me resignaba a ser de corta estatura, me enseñó a "chutar de tres dedos" cuando ingresé a la selección de fútbol femenino del colegio. Me ayudó a superar mi pánico y a declamar frente a cientos de personas, hizo su máximo esfuerzo en enseñarme la guitarra y a nadar. Los dos últimos no llegué a aprender, pero por un error de la alumna, no del maestro.

Si adopté el hábito de la redacción y la lectura, es gracias a él, y si tengo un alma bohemia y me olvido de las cosas en todas partes, es porque la sangre no es agua.

Hace poco me contó una anécdota muy linda que me gustaría compartirla con ustedes:

Yo tenía 5 o 6 años, en el pasillo de la casa teníamos una planta de cáctus, un día, caminando por ahí, me entró una espina y me comenzó a dar fiebre. Como yo no hablaba, mamá no podía saber el origen de la fiebre. Me llevó al hospital y ahí luego de mucho examinarme, se dieron cuenta que tenía una espinita en el dedo. Luego de sacarme la espinita, me dieron unos antibióticos y mamá me acurrucó toda la tarde en el galpón. 
Entonces yo comencé a cantar:

"Los pollitos dicen pío pío pío
cuando tienen hambre, 
cuando tienen frío.
La gallina busca 
el maíz y el trigo
les da la comida 
y les presta abrigo..."

Era la primera vez que mamá me escuchó hablar y cantar, era la canción que aprendí en la escuelita para niños especiales donde iba. Mamá lloró mucho, porque supo que yo no tenía retraso mental.

La verdad que nunca ví a mi papá como una persona con algún tipo de  "retraso mental" o diferencia alguna. Es evidente a simple vista que los movimientos que él realiza requiere de un poco de esfuerzo, pero siempre me pareció lo mismo a lo que me cuesta concentrarme.

La semana pasada me contó otra anécdota que me dejó boquiabierta y me llevó a mantener un debate de varias horas con él:

Me habían llevado a Formosa para que me examinaran unos sicólogos, le habían dicho a papá y mamá que tenía retraso mental y que por ende tenía que ir a una escuela para retrasados mentales.
Ese año entré al jardín, y todas las mañanas, mamá cruzaba de Encarnación a Formosa para llevarme a la escuelita.
Ahí yo le miraba a un nene que babeaba, otro que movía la mano sin parar, otro que miraba el techo largo rato, y así, todas las tardes le contaba a mamá lo que pasaba y ella se dio cuenta que yo no tenía nada que hacer en esa escuelita, y al año siguiente, me llevó a una escuela de Encarnación.
La maestra me quería muchísimo y mis compañeritas me mimaban siempre. 

Y hablando y hablando de sus anécdotas, llegó a realizar el comentario de que él es una persona con discapacidad:

- Pero papá, vos no necesitás de la ayuda de nadie para movilizarte ni para realizar cualquier cosa no?
- Y no...
- Entonces no sos una persona con discapacidad
- Si soy una persona con discapacidad porque la gente me mira así
- Entonces la gente es la que tiene discapacidad, y no vos, la sociedad es la que está discapacitada (Cabe mencionar que estaba comiendo una hamburguesa y hablaba con la boca llena).
- El problema papá, es que vos te creíste esa historia, en lo más recóndito de tu cerebro, y estás firmemente convencido de que sos una persona con discapacidad. Un vivo lo que sos! Que discapacitado ni que ocho cuarto, vos sabés nadar, sabés jugar, ejecutás el piano y la guitarra sin problema y yo "que estoy en el 100% de mis funciones", lo cual es una vil mentira, no sé hacer nada de eso, vos me enseñaste a jugar, a hacer vuelta carnero y a volar una pandorga. Elegiste vivir como una persona con discapacidad y no como un escritor homenajeado de Encarnación. Vos elegís el título que querés llevar, y vos elegiste el más fácil.

La conversación duró unos minutos más, pero mi cerebro conversó toda esa madrugada. Me puse en sus zapatos, hurgué en sus inseguridades y comprendí el porqué de tantas cosas.

Recordé un comentario que hizo en mi cumpleaños número 25:
"Cuando tu mamá estaba embarazada de vos, una persona de su familia, dijo que vos no ibas a ser normal... y mirá lo que sos, una enana"

Llegué a la conclusión de que la ignorancia de ese tío habrá sido un trago muy amargo para él, pero espero haber sido una alegría para él cuando me vio llorar o ensuciar pañales en las madrugadas. Hoy ese tío sabe que mi papá es mejor papá de lo que es él, sabe que mi papá y mamá construyeron una familia con defectos y virtudes, pero que a pesar de todo, nos sabemos mantener unidos, y que por sobre todas las cosas, hay amor.

La ignorancia puede llevar a cometer muchas heridas no visibles, la ignorancia causa daño y destruye a la sociedad.

Y quiero terminar este post diciendo que amo mucho a mi papá, y que es una persona a quien admiro y amo con todo mi corazón. Y lo más hermoso de este mundo es ser diferente, es ser auténtico y único.

Te amo papi.